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TRIBUNA IDEAL Teleférico: Consideraciones entorno al bien común EMILIO AYLLÓN RULL/PLATAFORMA SOS TELEFÉRICO EN respuesta al artículo que bajo el título ‘Teleférico, una apuesta de primera magnitud’ y la firma de don José Luis Pérez López, presidente de la ASOPYMEC, pudo leerse el pasado 2 de junio en esta misma tribuna, la plataforma ciudadana SOS Teleférico quiere hacer las siguientes puntualizaciones. Primero, que en contra de lo que se ha venido afirmando a lo largo de los últimos meses, no está demostrado que el teleférico vaya por sí solo a resolver los problemas de tráfico relacionados con la estación de esquí. Coincidimos con el señor Pérez López en lo beneficioso que sería «limitar drásticamente el acceso de miles de vehículos a este privilegiado entorno natural». Ahora bien, no vemos claro cómo podría esto conseguirse sin el concurso de alguna suerte de prohibición del tránsito de vehículos privados no residentes por la carretera de la Sierra. ¿Cuentan los promotores con ello? ¿Cuentan con explotar el transporte de visitantes en régimen de monopolio a 27 euros por persona y viaje? Descartemos esta hipótesis y hagámonos las cuentas que se hacen los defensores del proyecto. Pues bien, suponiendo que el citado precio fuera revisado a la baja -muy a la baja-, o en el improbable caso de que en su estimación actual (que es la que figura en el estudio económico del proyecto) no desincentive mayoritariamente el uso del telecabina, no podría éste en el mejor de los casos absorber más de un 20% del total de los visitantes de la sierra. El resto seguiría subiendo en su coche y, lo que es aún peor y no menos previsible, un nuevo y adicional 20% de visitantes encontraría que en Pradollano ha quedado un hueco para su coche. Esta predicción con respecto a lo que realmente puede significar el teleférico en términos de tráfico local es tan plausible como poco halagüeña; y habrá que sumarle la aportación al atasco crónico de la ronda sur que, sin lugar a demasiadas dudas, provocará la llegada de usuarios a la estación de salida del teleférico, situada en el Zaidín. ¿O es que al parking que se ha construido junto a dicha estación van a llegar los esquiadores andando? En segundo lugar, y en estrecha relación con lo dicho hasta ahora, consideramos que el modelo de desarrollo en el que abunda el teleférico es económicamente inviable y ecológicamente insostenible. No es sólo que los balances de cada temporada dependan de un factor cada vez más impredecible y difícilmente sustituible como es la nieve, o que el daño ambiental directo de la obra vaya a ser gravísimo. Es que en la medida en que el teleférico se propone como una contribución al crecimiento de la oferta de servicios turísticos en la provincia, participa inevitablemente de los males endémicos de este sector: empleo estacional, de baja cualificación y mal remunerado; degradación irreversible de montes, pueblos y ciudades conforme se los va convirtiendo en meros espacios para la mercancía y espacios mercantilizados; altos consumos de recursos materiales y energéticos por turista y día La lista es larga y podríamos seguir con ella. De lo que se trata es de hacer ver que el crecimiento económico así concebido, además de ‘los cientos de millones de euros’ y las ‘avalanchas de visitantes’, acarrea graves problemas para la vida diaria de la gente que no porque escapen a la contabilidad de las empresas (gracias a aquella operación lógica tan asombrosa de las ‘externalidades’) deben dejar de contar si de lo que se trata es de ponderar en sus justos términos el interés social de las inversiones privadas. Como ha escrito Jorge Riechmann, la idolatría del PIB (esas 74 centésimas porcentuales de valor añadido bruto adicional que se esgrimen a diestro y siniestro como auténtica prueba del nueve del teleférico), debería ir dejando paso a principios más sensatos como el de gestión de la demanda o el de precaución (que de forma tan sencilla ha formulado Rafa Navarro: «Es fácil cortarle una rama a un cerezo; volvérsela a poner es imposible»), de modo que entre todos podamos liberar al bien común del secuestro al que lo tiene sometido, desde tiempos no tan remotos, la ideología económica del crecimiento ilimitado. |
2 respuestas hasta el momento ↓
Rafa Román // 2 Agosto 02UTC 2007 a 8:05 pm
Acabo de mandar esta carta al Ideal. Por si no la publicaran, os la mando a vosotros.
Saludos.
“Absolutamente necesario”
Sr. Director del IDEAL:
No quiero ni imaginarme la herida que producirá en Sierra Nevada un cableado con torretas metálicas y cabinas que se verán desde todas partes. La tercera gran agresión después de la estación de esquí y la carretera. Podremos verlo desde casi todos los puntos de la vega, miradores de la ciudad, la Alhambra, desde una gran parte de esta cara de la Sierra … Ahí lo tendremos para siempre. Cada excursión tendrá como fatal compañera de paisaje el inmenso cableado con sus cabinas subiendo y bajando.
¿Qué es eso de que “Granada necesita el teleférico”? Jamás ha demandado ningún granadino semejante cosa. La iniciativa se vuelca en cubrir el nicho de mercado que abre el cambio climático al no asegurar la nieve en la sierra en futuras temporadas, manteniendo viva, de esta forma y durante todo el año, a la gallina de los huevos de oro. Esta fatal consecuencia (el cambio climático) del desarrollismo más agresivo e irresponsable que jamás ha experimentado la humanidad, debería dar lugar a un replanteamiento del concepto de desarrollo, orientándose a proyectos comunitarios con interés de uso público y con la continuidad en el tiempo asegurada (es decir, sostenibles). Si el teleférico fuera público, y por lo tanto funcionase a un precio que invitara a la sustitución del uso del coche para subir a la estación, entonces habría cierta justificación. Pero no, el proyecto es privado y no hará disminuir el número de vehículos motorizados por el alto precio, sino que aumentará el número de visitantes a la sierra, ya saturada de por sí. No se busca el interés general, pero sí se abusa de él para justificarlo. Los clientes no serán los granadinos, que tienen su coche, moto o autobús y su carretera al alcance de su mano para subir más barato y rápido, serán los turistas sus verdaderos usuarios. Es un proyecto pensado para otros. La mayor parte de los puestos de trabajo estarán ligados a las obras, por lo tanto, trabajo precario con fecha de caduzidad, que ya está sirviendo para poner medallas a los promotores. Jamás la creación de puestos de trabajo es el motivo de un proyecto, sino la consecuencia. Porque para crear puestos de trabajo, basta con asfaltar toda la superficie de España. Proyectos más interesantes hay para estos tiempos: los basados en energías renovables, en agricultura ecológica, en aprovechamiento del agua, y mejora de las redes de riego, en una forma de transporte más respetuoso, limpio y saludable, etc. Pero se hace justo lo contrario. Creyendo que nos modernizamos avanzamos hacia atrás.
El turismo de lujo, y la inmigración proveniente de países con mayor poder adquisitivo, ha hecho que vendamos nuestra tierra, ha arruinado a casi toda la juventud de España haciendo inalcanzable la posibilidad de tener vivienda propia, haciendo que un bien de uso se convierta en un bien financiero-especulativo aprovechando la apertura a mercados con mayor capacidad de compra… al final, de este turismo y estos proyectos, se benefician ampliamente unos pocos, y a la mayoría ni nos salpica el más mísero céntimo, … lo único que nos llega es un paisaje de cemento y asfalto, la pérdida del patrimonio natural delante de nuestras narices, cómo aparecen nuevas barreras para la movilidad y se gasta el agua innecesariamente.
No sólo no nos hace ninguna falta ese teleférico, sino que será claramente perjudicial para la mayoría de los que vivimos aquí. Granada llega tarde para el progresismo de ciudades como Málaga (cuya costa ha sido enladrillada y asfaltada por completo). Ahora que cambia el viento, nos lanzamos alegremente con nuestro barco de vela. Nos vamos a estrellar. El progreso se ha vuelto contra la sociedad, poniéndonos al borde de una crisis a lo argentino. Pero todavía hay empresarios con visión de negocio y poca ética para sacar tajada a los pocos años que nos quedan de bonanza económica y vorágine de la construcción, a pesar de que ya hay alarmas por todas partes de que explota la burbuja y con ella todo el sistema, y los granadinos, que necesitan sacarse la espina progresista están siendo comprados con la rimbombante motivación de tener el teleférico “más grande del mundo”. “Se están haciendo cosas para Granada” … valientes cosas, qué ingenuidad. Con el orgullo patrio por las nubes, es normal que se nos nuble la vista y no veamos el vacío que nos espera debajo. Tendremos cableado y obras para rato, y para que unos pocos le saquen las tripas a los turistas.
Lamentablemente, los tres partidos políticos con representación en el ayuntamiento de Granada, han apoyado esta fatal iniciativa. Qué triste. En fin, sólo espero que este proyecto (y otros tantos del mismo corte) nunca llegue a ver la luz, y podamos salvaguardar nuestra sierra y nuestros paisajes en la medida de lo posible.
el que quiere aprender // 14 Noviembre 14UTC 2007 a 12:33 pm
Enhorabuena por los argumentos que expones en tu carta en contra del proyecto, pero a la vista de la moción que va a presentar el PP en el Parlamento andaluz pidiendo que se apruebe su construcción, y la poca repercusión que a dicha noticia se le da en las web de los medios de comunicación -evitando con ello la propaganda contra el teleférico, me parece necesario convocar actos de protesta cuanto antes, pues por muchas razones que aduzcamos, es un hecho la aprobación del proyecto si no pasamos a acciones más movilizadoras que puedan pararlo. Un saludo.